EL DISCURSO FEMINISTA Y SU MALESTAR “SONORO”

Tengo por costumbre que, mientras trabajo, como “ruido” de fondo escucho contenidos variados como resúmenes y análisis de series, películas, personajes y libros, noticias, documentales, informes de geopolítica, música, en fin, las ideas flotando por doquier.

Y hoy hubo uno que me hizo eco. No por lo innovador, sino porque el creador de contenido repitió una frase que dicen los que se molestan por la verbalización del feminismo “esto sí es verdadero feminismo, no los largos discursos que dan algunas”

Resonó tanto en mi interior que me tuve que detener a escribirlo para reflexionarlo y, en especial, a preguntarme si quizás yo también soy de ese grupo y por qué.

Lioness es una serie que me gustó mucho, por la manera en como se manejan los personajes femeninos: sin romantizaciones. Las mujeres de esa serie no son princesas guerreras ni guías morales, ni ángeles redentores vestidos con armaduras, no, son mujeres. Con principios, con vicios, con claros y oscuros; astutas, estrategas, frágiles y fuertes, torpes, ingenuas, humanas, por resumirlo de alguna forma, y eso fue lo que me gustó. Porque, como dije en mi post sobre la serie, puedo ver mujeres así en la vida real.

Pero la normalización de ver mujeres desempeñando estos roles de poder o comportándose de esa forma aguerrida en la TV, o de verlas tomar las riendas de nuestros hogares, ya sea por ausencia del varón “proveedor” o por compartir el rol con este -en especial en los pueblos latinoamericanos- nos hace olvidar que esa no es la realidad para todas las mujeres del mundo y que aún existen países donde no tienen derecho a poseer, moverse, estudiar o hablar sin el permiso de un hombre de su familia.

Que siguen siendo monedas de cambio en transacciones comerciales, que hay zonas en que la vida de una niña vale menos que la de un varón, que se cree que su capacidad mental es inferior a la de un hombre por lo que no vale la pena invertir en ellas y que su valor radica en la maternidad, deseada o no.

Esos “nuevos roles femeninos” también nos enceguece ante los micromachismos que viven estas mujeres, lideresas en sus campos de trabajo, dónde se cuestionan sus decisiones por ser “emocionales”, se pone en duda sus ascensos por el largo de su falda y lo profundo del escote, se limitan sus derechos porque “ya tienen muchos”

Y en ese “olvido voluntario” es donde la verbalización del feminismo les da urticaria a algunos. Porque cuando el reclamo se vuelve sonoro, se nos vuelve una queja y esta incomoda como una espina en el costado. Esa sonoridad del discurso se vuelve un revés al mundo perfecto que creemos existe solo porque lo vimos en tal película.

Y los culpables no son las series, no, todo lo contrario. Al mostrar esos personajes, los creativos reflejan una realidad palpable y se la gritan en la cara a los que aún nos consideran menos y vulneran nuestros derechos porque pueden.

Los culpables somos nosotros y nosotras, por creer que ya lo logramos y deseamos ignorar el resto, para no incomodarnos. Para no aceptar que, mientras exista una niña sin acceso a la educación, vendida como esposa, abusada por sus familiares, sometida a la maternidad sin consenso, explotada como doméstica, sin investigaciones orientadas al funcionamiento de su cuerpo, silenciada su voz por ser mujer, cuestionados sus logros por su forma de vestir y juzgada por no ser sumisa ante la autoridad masculina, entonces seguimos en deuda.

La sonoridad del discurso feminista molesta, porque verbaliza los horrores que nos siguen pasando, de los que pocos quieren hablar, los que muchos justifican, que cuestionan privilegios y a los que nadie se atreve a enfrentar por temor al juicio social.

En lo particular, a mi me hace ruido el discurso en las manifestaciones artísticas, en las plataformas políticas o en mi vida cotidiana cuando las palabras reemplazan lo que debería verse en acciones y lo hacen ver falso. Por ejemplo, cuando se expide una ley o se nombran funcionarias para cumplir con la cuota de género, pero se impiden los proyectos de estas mujeres y luego se usa su “negligencia” para someter al escarnio público a todas las féminas en los cargos de poder.

Y cuando la película o serie dice que el personaje es “fuerte” y se faja el discurso del siglo, pero en toda la película “la reina empoderada” no tiene mayor objetivo que salvar al protagonista de sus traumas, ignorancia y su torpeza social, porque allí radica nuestro “poder femenino” y gira nuestra existencia: en ser las madres de los niños eternos.

O cuando escucho decir que los hombres no pueden atender más de una cosa a la vez o que una mujer no puede hacer un cargo de mantenimiento porque “es mujer”, y aún más que lo diga una fémina que hace temblar a los tipos en sus pantalones y luego de haber visto a una chica de 19 años, soldando y taladrando paredes, con la admiración de sus pares masculino…

En fin. Lo dejaré allí, hay que continuar trabajando. Al menos ya entendí por qué me hizo eco el asunto.  


 

 

 

 

 

 

Comentarios