NO LA HAY

 

La guerra y los conflictos bélicos, de cualquier tamaño, interrumpen la producción de alimentos, bloquean las rutas comerciales, propagan enfermedades e impiden la llegada de ayuda humanitaria

Asesinan la población infantil asegurando que la nación atacada pierda las próximas generaciones y atrasando su desarrollo y estabilidad económica.

Acaba con la producción de conocimiento y desarrollo en corto y mediano plazo por el sacrificio de los jóvenes que sirven de carne de cañón en los ejércitos, y los que no mueren regresan enfermos de la mente, el alma y el cuerpo.

Desvía los fondos gubernamentales al desarrollo y compra de armamentos y suministros de las tropas, dejando a un lado áreas importantes como la salud, la educación y el desarrollo científico de las naciones en conflicto.

Destroza los ecosistemas, contamina los territorios y amenaza la biodiversidad planetaria.

Las guerras y los conflictos bélicos a cualquier escala, solo crean viudas, huérfanos, decadencia social y pobreza, y todos tienen su origen en el mismo cáncer que ha corrompido a esta humanidad por siempre: el egoísmo y las ansias de poder. 

Me niego a creer que exista en el mundo una razón válida para atacar la vida de una manera tan atroz, porque no la hay. No me importa cuántos discursos se inventen los líderes de partidos, dirigentes del mundo o empresarios, incluso de mi país; no hay nada que justifique el asesinato, la mutilación, la tortura, la brutalidad de la violencia indiscriminada, la destrucción de familias y comunidades, la contaminación de las tierras, la violación de los derechos humanos, los abusos, el miedo, la desesperanza, las lágrimas de madres, padres, hijos e hijas, la  devastación de zonas verdes, la degradación del hombre y la mujer que implica la renuncia a lo que nos hace seres humanos.

No la hay.

Comentarios